Teatrosalud para el Autocuidado[1]

 

Dr. Pedro H Torres-Godoy[2]

Sra. Sabine Romero Bergdholt [3]  

 

 

 

Resumen

 

Nuestra propuesta de teatrosalud para el autocuidado, sitúa el arte teatral - psicodramático al servicio de las ciencias de la salud y del fomento y desarrollo del potencial humano. La epidemiología actual de los desordenes mentales  nos señala que las psicotraumatizaciones y todas aquellas situaciones clínicas, psicosociales y educacionales vinculadas con la violencia comienzan a producir una población en riesgo de desarrollar desgaste profesional (síndrome de burnout), entre psicólogos, médicos, profesionales de la salud, educación, disciplinas socio-comunitarias y toda una red de operadores sociales y de servicios humanos insertos en la sociedad.

Nos parece urgente como estrategia preventiva primaria el fomento de la salud mental entre estos profesionales. Las técnicas teatrales, psicodramáticas, draamaterapeúticas y de teatro espontáneo son herramientas útiles para introducir la acción (drama), al servicio de la palabra (narración) de aconteceres dolorosos tanto en los protagonistas de esta obra (pacientes, clientes, usuarios internos), como en los testigos (terapeutas, observadores externos, usuarios internos, operadores de salud). Ambos polos de la relación de ayuda (personajes), sufren simultáneamente procesos de traumatización primaria o secundaria que clínicamente suelen ser indistinguibles.

Esta propuesta psicodramatúrgica pretende ser un incentivo ante la pasividad y, pro-activamente, iniciar acciones de autocuidado para todos los personajes implicados en la escena desde los individuos hasta las instituciones.

 

Summary

 

Our proposal of “healthdrama” (teatrosalud) for selfcare, serves the health sciences and contributes to the improvement and development of human potential. The current epidemiology of mental disorders, shows that psychological trauma and  clinical, psychosocial and  educational settings where violence might occur, produce  burnout syndrome risk  in psychologists, mental health professionals, teachers and community workers, among others.

We believe it is urgent to promote healthy coping strategies among these professionals as a primary preventive goal. Drama, psychodrama, dramatherapy and spontaneous drama techniques are a useful tool to introduce action (drama) that modulates the  narrative of  psychologically painful events in the protagonists of this play ( patients, clients, users), as in witnesses (therapits, external observers, and health agents). Both poles of the supportive relationship (characters), simultaneously suffer  primary or secondary trauma processes, which are clinically undistinguishable.

Our goal is, therefore, to promote a pro-active attitude against passivity initiating self care actions for the charactrers involved int the scene, from individuals to institutions.

 

INTRODUCCIÓN

 

El término Teatrosalud nace de la fusión de dos grandes cuerpos disciplinarios como son el teatro y la salud, y su conjunción busca acercar a toda aquella práctica teatral, en el amplio sentido, desde la dramaturgia, expresión corporal, movimiento, voz, actuación, dirección y puesta en escena, hacia la salud, también en un amplio sentido, no solamente en lo inherente a la salud y la enfermedad, la vida y la muerte, sino también bien hacia las potencialidades inequívocas que nos presenta el ejercicio del arte teatral respecto del fomento de la salud; de sus posibilidades como práctica coadyuvante del desarrollo del potencial humano creativo y saludable de personas, grupos y comunidades; como elemento de investigación y búsqueda del bienestar una vez que el mal se ha establecido en el cuerpo individual, familiar, grupal, comunitario y social. Planteamos un movimiento desde el teatro hacia la salud y no en sentido inverso, es decir, desde la salud hacia el teatro. Simplemente porque nuestra propuesta surge a partir de profesionales de la salud mental interesados en las posibilidades terapéuticas del teatro y no de artistas teatrales proclives a estudiar e investigar las dimensiones terapéuticas del arte teatral.

Nos parece pertinente que quienes laboramos día a día con el sufrimiento y el dolor humano estamos más cercanos de las experiencia terapéutica que quienes, desde las tablas, reflexionan acerca de las posibles interconexiones entre arte teatral y sanación. Por lo tanto más que definir parcelas disciplinarias entre el teatro y la terapia, será el trabajo conjunto y cooperativo entre los artistas teatrales y los artistas de la sanación, lo que finalmente amplíe la propuesta hacia dimensiones insospechadas. No obstante hago énfasis en que desde el punto de vista escénico, el teatro y cualquier actividad vinculada al ejercicio de sus prácticas, no podrá ser terapéutico y constituye un error epistemológico plantear que el teatro en sí, es terapéutico. Tampoco lo podrá ser por tanto la dramaturgia por sí sola, la pedagogía teatral, las actividades de ejercitación y prácticas actorales, de voz, de expresión corporal y movimiento, de dirección y cualquier otra variante relacionada con la practica teatral.

No podrá ser terapéutica porque cada vez que se remuevan emociones genuinas entre los participantes de un  grupo teatral deberá haber algún otro, un terapeuta, dispuesto a hacerse cargo durante el tiempo que se estime conveniente para acoger, sostener, confrontar, compartir y elaborar conjuntamente dichas emociones, concepción evolutiva fundamental de cualquier proceso o acto terapéutico. Y esto no está concebido en  el dispositivo teatral, aunque sí, de todas formas en el dramaterapéutico, lo cual se refrenda en prácticas grupales tales como consentimiento informado acerca de la expresión colectiva de emociones, confidencialidad, ética de grupos, encuadre pertinente y consensuado, y un sinnúmero de particularidades que sólo competen a la práctica psicoterapéutica profesional.

 

Para nuestros efectos, teatrosalud incluye ampliamente a todas aquellas disciplinas vinculadas al teatro, como las relacionadas con las terapias de acción en el contexto psicoterapéutico. Por el lado del teatro debemos considerar a cualquier actividad teatral que signifique mejoría en el bienestar y calidad de vida de cualquier persona, familia, grupo o comunidad.  Por lo tanto caben aquí las prácticas teatrales de escribir guiones y dramas, prepararse en técnicas corporales, de voz y actuación, dirigir, oficiar de público, crítico o jurado, que testifica y otorga veredicto acerca del desarrollo, conflicto, cierre o término de la obra a representar; y más significativo aún, las enseñanzas de valores y anti-valores que podrán deducirse de esta obra abierta. Por lo tanto habrá que incluir también un momento axiológico, que en terapia recibe el nombre de axiodrama (Menegazzo C.M. 1991).

Por el lado psicoterapéutico se entienden como terapias de acción a todas aquellas disciplinas que involucran manifiestamente la acción en el escenario terapéutico. Por lo tanto incluímos aquí, por orden histórico de aparición, al teatro de la espontaneidad, psicodrama, axiodrama, sociodrama, teatro playback y dramaterapia, siendo esta última una de las mas nuevas disciplinas de acción, que irrumpe, desde el arte teatral en la terapia, alrededor de los años 60.

 

Promoción y prevención de la salud

 

Es importante hacer un paréntesis para diferenciar lo que entendemos como promoción o fomento de la salud y prevención. Tanto la promoción (o fomento) como la prevención persiguen como meta la salud. Sin embargo, según Tulia María Uribe de la Universidad de Antioquia, “la prevención lo hace situando su punto de referencia desde la enfermedad, la cual tiene como límite la muerte. O sea el objetivo de la prevención es la ausencia de la enfermedad”. En contraposición esta misma autora, señala que la promoción o fomento de la salud “hace énfasis en la optimización del estado de bienestar, entendiendo la salud como un camino sin principio ni final. La promoción formula e implanta políticas saludables y cambios en el entorno de vida del individuo”. En este sentido la promoción hace énfasis en el desarrollo de habilidades personales, en el fortalecimiento de la acción comunitaria y coloca la responsabilidad individual y social comunitaria en el centro de la solución de problemas que afectan la salud (Uribe T.M., 2005).

En nuestro enfoque de promoción de la salud ubicamos teatrosalud como un método para llegar a un fin amplio que es el fomento de la salud positiva, es decir, hacer más sanos a los sanos y en la medida que la enfermedad irrumpe, de desarrolla y avanza, nuestro enfoque varía hacia los distintos niveles de intervención;  primaria en lo preventivo, secundaria en el diagnóstico y terapéutica oportuna y terciaria en el tratamiento de los déficit que surgen como consecuencia de la enfermedad y su rehabilitación.

Esta misma lógica debiera darse cuando situamos las técnicas de acción desde la perspectiva de la salud pública, desde lo individual a lo comunitario.

Teatrosalud como dispositivo grupal, esta destinado a la promoción o fomento de la salud y engloba a todas aquellas prácticas de acción que pretenden amplificar la salud que ya existe. Por cierto habrán dispositivos más propicios para este fín, como lo es la dramaterapia y el teatro espontáneo. Ambos estrechamente ligados al teatro tradicional, tanto a la tragedia griega como al teatro medieval, cuentan con una característica común, de la cual carece el psicodrama en particular. Es que ambos, dramaterapia y teatro espontáneo tienen entre otros, desde la vertiente teatral, el fin de divertir y entretener a los participantes o espectadores (si los hay). En cambio en el psicodrama, mucho más ligado a la vertiente terapéutica, su fin último es generar un cambio ya sea a nivel de los significados atribuidos a alguna situación conflictiva, a nivel de las emociones, comportamiento e interrelaciones significativas para la (o las) personas implicadas en este ejercicio psicoterapéutico. En el psicodrama el juego y el humor no representan un fin último, sino más bien un vehículo que lleva al grupo a través del caldeamiento hacia las fases más terapéuticas del procedimiento como lo son las dramatizaciones y el compartir. Si el juego y el humor están presentes en ellas, nada más son elementos que vienen a amalgamar un entramado vivencial profundamente dramático, es decir tragedia y comedia del alma humana fundidas y confundidas. Llegar a pensar que esto constituye un espectáculo divertido o de entretención, sería justamente una aberración puesto que allí, en la dramatización y sharing  psicodramático se vive la tensión misma de la tragedia humana, en el aquí y ahora, la catástrofe como última fase de lo trágico y la catarsis de integración, que sería uno de los elementos curativos buscados por el procedimiento.             

 

Entonces las técnicas de acción aquí presentadas se pueden ubicar en dos grandes áreas siguiendo sus posibles relaciones con la noción de cuidado en sus dos acepciones según la lengua inglesa:

 

Care” o “cuidados de costumbre”, se refiere a aquellos relacionados con las funciones de conservación y de continuidad de la vida. En este contexto se pueden ubicar las prácticas de promoción o fomento de la salud y los métodos de teatrosalud, teatro espontáneo, teatro playback y dramaterapia  (en su vertiente más lúdica y teatral) En resumen, lo más teatral de lo teatral para hacer más sanos a los sanos. Representan los cuidados permanentes y cotidianos de tipo biopsicosocial necesarios para mantener la vida, proporcionado y aprendidos en el proceso de socialización y deberán ser asumidos por cada persona a medida que adquiera mayores niveles de autonomía frente a la vida (Uribe T:M:, 2005).

 

“Cure” o “cuidados de curación”, relacionados con la necesidad de curar todo aquello que obstaculiza la vida. Estos cuidados son los utilizados para el tratamiento de la enfermedad además de los cuidados habituales. Entran aquí todos los cuidados de tipo terapéuticos.

Por lo tanto se pueden ubicar aquí toda práctica dramaterapéutica, sociodramática, axiodramática y psicodramática que persigue la curación de la enfermedad individual, grupal, familiar o comunitaria. Moysés Aguiar, psicodramatista brasilero,  sostiene que la base epistemológica y práctica de toda técnica de acción es el teatro espontáneo y según sus distintos focos puede ir desde lo más artístico, como sería el teatro espontáneo propiamente tal, que persigue un fin artístico en sí mismo y como espectáculo de entretención y diversión pública, hasta lo más terapéutico. Si el teatro espontáneo se orienta hacia la terapéutica social o comunitaria es axiodrama, que pretende develar los valores y ati-valores de un colectivo humano con el fin de lograr un cambio; si dicha práctica se orienta al grupo es sociodrama (o dramatización centrada en el grupo, relacionada con la socioterapia es decir un grupo, por ejemplo una compañía de actores espontáneos, trata a otro grupo en conflicto): y finalmente si la actividad se dirige a un  paciente individual es psicodrama, es decir dramatización centrada en una sola persona (Aguiar M., 2001).

 

Pensamos que nuestro enfoque de salud pública del cuidado y de las técnicas de acción como dispositivos para el fomento o la intervención en salud, tiene una fuerte similitud a lo propuesto por Aguiar con la diferencia que este autor parte desde el arte teatral y no precisamente desde la salud general.

 

Nuestros fundamentos y prácticas de teatrosalud para el autocuidado, se enmarca en el trabajo de más de diez años con clínicos y terapeutas, en el Grupo de Estudio “Duelo y Trauma” del Departamento de Psiquiatría Campus Oriente de la Universidad de Chile y en el Departamento de Teatro de la misma universidad. Dichos terapeutas han estado implicados en el tratamiento de duelos, pérdidas, traumatizaciones diversas y todo lo que surge a partir del ejercicio profesional en el área de la violencia, psicotraumatología y los asesoramientos y terapéuticas de duelos en particular.  Hoy por hoy puede considerarse que un gran número de clínicos y terapeutas provenientes de la medicina, psicología, disciplinas psicosociales y otras como el derecho, la educación y algunas actividades artísticas, están en contacto permanente con las situaciones antes mencionadas. Por lo tanto la población de terapeutas en el amplio sentido, que van a ser objeto de traumatizaciones vicarias, es decir aquella que ocurre secundariamente por la escucha de relatos horrorosos de los usuarios externos, irá en  ascenso toda vez que existe una creciente mayor sensibilidad diagnóstica en temas vinculados con la violencia y psicotraumatizaciones. También será creciente el número de terapeutas interesados en estas áreas, por no decir que en realidad hoy día es muy difícil dejar de ser considerado “terapeuta de duelo, traumas y pérdidas”.

Gran número de estos profesionales sufrirán los efectos de la traumatización vicaria que produce en primera instancia un síndrome indistinguible del trastorno de estrés postraumático (TEPT). El desorden de estrés traumático secundario (TETS), descrito por Charles Figley en 1995 en Estados Unidos para terapeutas familiares es un cuadro clínico eminentemente de carácter agudo y es considerado la antesala del síndrome de burnout o desgaste psíquico en el trabajo (Figley C., 2000). Este último síndrome ha sido declarado endémico en algunos países de la Unión Económica Europea como España y otros. En España por ejemplo ha sido declarado enfermedad profesional y existe jurisprudencia de juicios ganados por trabajadores de la salud, frente a algunas empresas sanitarias, al ser considerado accidente del trabajo, con los fallos favorables al trabajador e indemnizaciones correspondientes.

Frente al trauma relatado o narrado por los pacientes, el terapeuta oficia de testigo. El acto de testificación corresponde a uno de los elementos más antiguos de los ritos de sanación de males individuales y colectivos. El acto de contar una tragedia personal a un otro en escucha activa y comprometida en la intimidad del consultorio, representa la última palabra silenciada que nos impone el trauma y el primer grito de liberación que nos abre las puertas para la reparación y algunas veces, las menos, para el perdón.

Mientras tanto el testigo, en este caso el terapeuta, recibe cada frase, cada pequeña entonación de la voz, cada gesto y movimiento corporal que acompaña el relato, como información analógica, que es la que traumatiza vicariamente ya que dicha información ingresa a través de los órganos de los sentidos hacia nuestros sistemas de captación emocional de experiencias. Entonces ante un relato siniestro como el abuso, violación o  tortura, el terapeuta sufre una especie de shock emocional que lo vive en un comienzo, como un estado confusional u obnubilación de conciencia. Este estado queda claramente descrito en el trastorno por estrés traumático secundario: “El TETS puede ser de inicio súbito y deja a la persona con una vivencia de perplejidad, confusión, desvalimiento y sensación de aislamiento de quienes podrían ayudarlo” (Fidley C., 1995)

El terapeuta puede experimentar estos síntomas o puede sufrir un primer distanciamiento disfuncional respecto de su rol profesional,  a través del mecanismo de defensa disociación, como una forma de controlar la angustia. Sin embargo la disociación afectará inequívocamente su capacidad empática y la sintonía con el paciente traumatizado. Consideramos este primer distanciamiento el preludio de la alexitimia secundaria, o sea la pérdida de la capacidad de expresar en palabras las emociones, disminución de la tendencia a la imaginación y fantasía y una baja ostensible de la espontaneidad y creatividad. Toda persona que vive directamente un trauma o es testigo de la traumatización ajena entra en el riesgo de desarrollar alexitimia. Dado que ante grandes traumatizaciones los pacientes pierden la posibilidad de expresar con palabras lo brutalmente vivido, ese mismo efecto ocurre con los terapeutas-testigos. En el contexto de la supervisión o de grupoterapias,  estas profesionales pierden la facilidad de expresar verbalmente lo escuchado.

Una joven psicóloga no tiene palabras para expresar lo que experimenta a propósito de la muerte de un trabajador de la minería que es prácticamente triturado por una máquina chancadora de piedras. El relato es narrado por su mejor amigo, compañero de trabajo  y compadre: “La máquina tiene un ruido típico cuando muele las piedras. Cuando mi compadre cae al vacío por un instante dejo de verlo, no sé donde está y es el cambio brusco del ruido de la máquina chancadora, un sonido sordo, opaco, blando, el que en un instante mi oído percibe y sé positivamente la magnitud de la tragedia. No hubo ningún grito. Solo ese sonido sordo, terrorífico, ese cambio de frecuencia, de intensidad, de ritmo, cuando seguramente puedo imaginar las piedras moliendo el cuerpo de mi compadre, será lo que nunca olvidaré”.

Lo que traumatiza entonces tiene que ver en primer lugar con lo que netamente perciben nuestros órganos sensoriales, es decir, antes de que aparezca la reflexión somos impactados por sensaciones táctiles, cenestésicas, olores, ruidos, imágenes, muchas veces atmósferas o climas emocionales, como es el caso de las experiencias de tortura, abusos y maltratos. Las víctimas no tiene palabras para narrar lo acontecido. Se genera una alexitimia secuntaria al trauma, o sea una incapacidad de poder expresarlo verbalmente.  Este tipo de silenciamiento también lo vemos en las primeras etapas del diagnóstico de las enfermedades crónicas graves u oncológicas. Peggy Penn, en un interesante trabajo sobre trauma, lenguaje y escritura en pacientes con enfermedades físicas crónicas, desarrolla el concepto de trauma relacional, sosteniendo que la dialéctica central del trauma lo constituye el conflicto entre hablar y no hablar (Penn P, 2001). En este mismo trabajo se destaca la importancia de “decir lo que uno realmente siente, poder expresar a sus seres queridos su sentimientos profundos acerca de su dolor; esto produce un alivio físico y libera a los demás para que puedan responder del mismo modo” (Griffith y Griffith, 1994)

Pennebaker sostiene que la libertad de expresión que brinda la escritura autobiográfica ejerce un efecto positivo en nuestros sistemas inmunológicos y reduce los efectos negativos del trauma al incorporar al lenguaje (conversaciones con otros), los aspectos silenciados de aquel (Pennebaker J.W, 1989 citado por Penn P).

El testigo, en este caso el terapeuta, como lo señalamos con anterioridad, se traumatiza vicariamente, a través de la escucha activa de la infinidad de detalles narrados. Serán la inflexiones y el tono de voz, la intercalaciones, la prosodia, los gestos, la mirada, el marco que la psicomotilidad da a la narración, la respiración, el brillo de los ojos determinado por el mayor o menos diámetro pupilar, en fin, todo un cortejo no verbal y analógico que secunda al menos en apariencia, al relato oral.

En el mismo sentido que lo descrito por pacientes severamente traumatizados, los terapeutas dejan de hablar con otros de lo acontecido. Salvo que esté adscrito a un grupo de supervisión continua o de autocuidado, lo que es excepcional en nuestro medio, y no meramente formativo, algo más frecuente entre profesionales jóvenes, el clínico estará condenado también al silencio. Es necesario fomentar de cualquier forma entre los futuros terapeutas la cultura de la supervisión y del autocuidado durante toda su vida profesional.

En nuestra experiencia en talleres de supervisión, autocuidado y la persona del terapeuta, en grupos universitarios de pre-grado en los últimos años de la carrera de psicología, se observa una dificultad en expresar verbalmente algunas situaciones clínicas de alto impacto como abuso sexual, maltrato, acoso, asesoramiento o terapias de duelos, discapacidades o enfermedades de curso progresivo o pacientes terminales. Como lo desarrollamos más adelante las técnicas de acción permiten, desde nuestro punto de vista un mejor contacto experiencial con las emociones reprimidas o bloqueadas y un acercamiento, desde el cuerpo y la acción escénica, hacia el trabajo a supervisar.

Finalmente es preciso señalar que el tema del cuidar, cuidarse y ser cuidado por otros, es tan antiguo en la historia del hombre que ya los griegos destacaban la importancia del cultivo de sí y enfatizaban el cuidar no sólo el cuerpo sino también el alma a través de los regímenes de salud, abstinencias, retiros, ejercicios físicos, satisfacción medida de las necesidades, meditaciones, lecturas, conversaciones, y una decena de actividades que buscaban el tan preciado autoconocimiento, autocontrol y buentrato personal y de los demás.

 

Acerca del tema del autocuidado

 

Dorotea Orem, enfermera graduada en Baltimore en 1930 desarrolla su modelo de autocuidado como una teoría general de la enfermería. Esta autora plantea que el concepto de autocuidado debe entenderse como una contribución constante del individuo a su propia existencia. El autocuidado es una actividad aprendida por los individuos y orientada hacia un objetivo; es una conducta  que existe en situaciones concretas de la vida, dirigida por las personas sobre sí mismas, hacia los demás y hacia el entorno para regular los factores que afectan a su propio desarrollo y funcionamiento en beneficio de su vida, salud y bienestar.

Orem define el objetivo de la enfermería como ayudar al individuo a llevar a cabo y mantener sobre sí mismo acciones de autocuidado para conservar la salud y la vida, recuperarse de la enfermedad y/o afrontar las consecuencias de dicha enfermedad.

En concepto de autocuidado de Orem refuerza la participación activa de las personas en el cuidado de su salud, como responsables de decisiones que condicionan su situación, coincidiendo de lleno con la finalidad de la promoción de la salud. La educación para la salud será la herramienta principal de trabajo.

De allí que en primer lugar se haya utilizado el concepto de autocuidado en pacientes y grupos de autoayuda de patologías médicas crónicas, que requieren para su estabilidad de una sólida autodisciplina tales como diabéticos, hipertensos, pacientes nefrópatas, oncológicos y algunas patologías psiquiátricas.

No obstante ante la alarmante incidencia del síndrome de “burnout” o de “estar quemado” de  clínicos y terapeutas que trabajan con situaciones de violencia extrema, duelos, traumas y todo tipo de pérdidas, en los últimos diez años, que en diversas estadísticas sobrepasan el 50 % de los profesionales estudiados, comienza progresivamente a socializarse el término en esta población de usuarios internos de los sistemas de salud. De allí se expande prácticamente a muchas otras disciplinas psicosociales y de los más diversos ámbitos de servicios humanos (Torres P., 2003, 2004).

Para Hidalgo y Moreina el autocuidado o cuidado de equipos es un concepto que más que tener un referente teórico, es utilizado en el lenguaje común y propio de los equipos que lo transforman en un referente más bien práctico. Se refiere a la protección de los equipos frente al desgaste emocional cotidiano del trabajo con la violencia (Hidalgo N., Moreina E., 2001). Esto supone que los equipos en ciertos períodos de su ejercicio profesional entran en crisis, lo cual puede entenderse como aquellos elementos de la dinámica grupal que ponen en riesgo al equipo en el desarrollo de su tarea constituyente, que se expresan en ansiedades que emergen en el vínculo con los grupos de alto riesgo hacia los cuales se dirige la intervención (Morales, Pérez, Menares 2002)

Para la psicóloga costarricense Patricia Murillo Chacón, quien trabaja con víctimas de violencia doméstica, el autocuidado de los terapeutas puede definirse como el conjunto de estrategias de afrontamiento que los terapeutas deben implementar para prevenir déficit, propiciar y fortalecer un bienestar integral.  Agrupa las acciones de autocuidado según el siguiente ordenamiento:

-De bienestar físico: Descanso, dieta saludable, ejercicio físico, chequeos médicos, protegerse físicamente de clientes difíciles

-De bienestar emocional: Proteger y mantener los límites profesionales, evitar reacciones impulsivas o precipitadas, psicoterapia personal, fortalecer vínculos e intimidad con otros

-De asuntos especiales: Evitar situaciones que impliquen desgaste emocional como falta de confianza en el equipo, demasiada empatía hacia el cliente o experimentar sentimientos hacia el cliente  que están dirigidos hacia otra persona

-De crecimiento y desarrollo: Dinámicas de supervisión, consultorías a expertos u otros colegas, supervisión continua

(Murillo Chacón P., 2004)

Nuestra propuesta busca integrar el trabajo de autocuidado con la supervisión continua, el desarrollo de la persona del terapeuta y la adquisición de herramientas comportamentales, provenientes del teatro y del psicodrama, para fomentar la pertenencia a grupos, la salud intrínseca proveniente del arte teatral, del juego, del humor y del involucrar el cuerpo en toda acción dramática, como complemento ineludible de la palabra y de la narración oral.

       

Metodología

 

El método lo llamamos improdrama educacional o pieza didáctica, teniendo como referencia el teatro didáctico de Brech y su aplicación y sistematización se gesta desde comienzos del 2005 a propósito del taller de “Autocuidado, supervisión y la persona del terapeuta” realizado en una universidad privada.

Nos parece que las técnicas de acción tales como el psicodrama y el teatro espontáneo en el autocuidado de profesionales que trabajan con violencia, cuentan con ciertas características que las hacen preferentes por las siguientes razones:

 

-         Al introducir manifiestamente el cuerpo en la dramatización surgen emociones reprimidas, aléxicas, es decir con gran dificultad para ser verbalizadas y que han permanecido silenciadas. Del mismo modo como opera la memoria emotiva de Stanivslavsky para los actores profesionales, en los terapeutas suponemos la existencia de una planta de movimientos que ha dejado en la memoria corporal, gestual, prosódica, escénica, aquellas emociones traumáticas, producto de los relatos de sus pacientes. El movimiento corporal activa, a través de iniciadores físicos, las vivencias que impactan al clínico.

-         El trabajo de autocuidado está centrado en procesos grupales. El grupo, cual caja de resonancia, aporta múltiples miradas al modo de una co-visión intersubjetiva. El protagonista puede, por medio de la utilización de yo-auxiliares miembros del mismo grupo, recurrir al recurso del distanciamiento dramático, es decir tomar el rol de alguien de la platea y desde allí emitir algún juicio acerca de su propio operar. Osorio plantea que el distanciamiento, en el teatro, es en sí mismo ordenador y ell efecto psicológico estructurante del distanciamiento escénico para quien observa como público, es comentado incluso por directores teatrales de reconocida trayectoria (Osorio R., 2002). Desde la dramaterapia el proceso de identificación con algún personaje de la escena también lleva al protagonista a la posibilidad de jugar algún rol no lo suficientemente desarrollado en la realidad y en el “como sí” dramático, reparar.

-         El trabajo de autocuidado está enmarcado en la supervisión continua. Debería concebirse la aplicación del psicodrama en un proceso de asesoramiento permanente y de supervisión grupal continua durante toda la vida activa del psicoterapeuta.

-         El trabajo se realiza desde la perspectiva de la acción dramática y desde la escena. Psicodrama significa “mente en acción” y dramaterapia, “terapias de acción”. Por lo tanto la dramaterapia incluye a todas las demás y también a los aspectos terapéuticos que el teatro en sí mismo dispone. Por su parte la escena contiene en un instante toda la verdad intersubjetiva. En escena no existe el debate ni la teorización que muchas veces nos distancia racionalmente de los hechos vividos. Los personajes nos permiten re-vivir los más devastadores dramas humanos, y lo haremos desde el “como sí” que nos permite la ficción de la escena psicodramática (Calvente C.F., 2002). Transitamos desde lo siniestro, hacia trágico, lo patético, lo lúdico y muchas veces intuimos lo maravilloso de la creatividad humana y su infinita capacidad para crear y reparar.

-         El trabajo utiliza el juego, el humor y los ritos como fuente de sanación. El trabajo de caldeamiento o warming up, predispone al grupo a lo lúdico. La aparición del humor para equilibrar la tensión dramática del protagonista a lo largo de todo el proceso grupal, viene a conformar la amalgama intersticial de las escenas más difíciles de representar. El juego y humor espontáneos, adecuados y contingentes son ingredientes inequívocos de una buena supervisión y aún no cuentan  suficientemente con estudios empíricos que aseveren su necesaria presencia en el trabajo de autocuidado. El humor, la risa y la alegría son elementos claves para la salud mental y constituyen fuentes de felicidad y realización profesional inequívoca, aún en los momentos más difíciles que nos toca vivir.

-         Finalmente el trabajo de autocuidado propuesto, es plausible de desarrollar al interior de las instituciones. Luego del diagnóstico grupal que puede hacerse con métodos sociodramáticos o  a través de cuestionarios de desgaste profesional u otros, las intervenciones sugeridas en la literatura, están descritas como estratégicas breves orientadas a la solución y prescripciones de tareas de autocuidado, entre las que destaca la dramatización. Se desarrolla en ciclos semanales de 2 a 3 horas, con un promedio de 8 a 12 jornadas. Se consideran sesiones de mantención o profilaxis permanentes, posterior a la intervención principal.

 

Objetivos

 

Por medio de un taller demostrativo destinado a un grupo de profesionales de la salud, educación y otros que trabajan en situaciones de violencia, aplicar, con fines didácticos, la metodología psicodramática como posibilidad de trabajo para fomentar el autocuidado en dinámicas de supervisión grupal.

 

Procedimientos

 

Se aplica el método psicodramático en sus tres etapas: Caldeamiento (holding), dramatización (grounding) y compartir (sharing).

Durante el caldeamiento que puede ser verbal, imaginativo o corporal se pretende crear una red de apoyo o sostén grupal, una matriz de contención (holding) que reciba los relatos a supervisar de parte de los participantes.

En la fase de dramatización se busca que el terapeuta se encuentre en la acción, con  aquellas disonancias o ruidos significativos que generaron la sobreimplicación o el sufrimiento derivado de la testificación del trauma.  El concepto de sufrimiento del terapeuta se refiere más bien a síntomas que surgen de  situaciones clínicas que lo desbordan emocionalmente, frente a las cuales las estrategias habituales de afrontamiento, utilizadas por los terapeutas para protegerse de la angustia u otras emociones difíciles de sus clientes,  se ven superadas apareciendo síntomas agudos que corresponden al estrés traumático secundario antes mencionado.

En la fase de dramatización se utilizan, según el caso a supervisar, técnicas de esculturas, fotogramas, soliloquios, doblajes, espejos, cambio de roles e interpolación de resistencias. Esta última técnica busca confrontar dramáticamente al protagonista con sus propias contradicciones internas, sus conflictos de valor; puede ejecutarse desde el cuerpo, desde el diálogo improvisado, el juego de roles, o la confrontación con personajes internos (también llamados heterónimos por Kesselmann) (Calvente CF., 2002, Kesselmann H., 2001)

La tercera fase del psicodrama corresponde al compartir (sharing). Aquí el grupo comparte la experiencia vivida. Intercambia vivencias movilizadas por la escena dramatizada del protagonista y por las escenas resonantes que comienzan a ser movilizadas a partir de aquella. Si el trabajo involucra a todo el grupo se denomina sociodrama. Si culmina con el surgimiento de valores que comienzan a ser compartidos por el grupo en su totalidad  estaríamos en presencia del momento axiológico final que todo trabajo dramático conlleva y estamos en presencia del axiodrama. El grupo a partir de su historia compartida comienza a escribir su leyenda, su mito fundante, por muy breve que sea el encuentro, y en este caso los cierres de cada encuentro tendrán características rituales.

Dado que el objetivo general de la actividad es el autocuidado de los terapeutas que trabajan con violencia, de obvia la fase de procesamiento teórico técnico que en la práctica psicodramática. sólo se reserva para quienes están en entrenamiento o formación en esta disciplina.

 

Síntesis

 

La propuesta de trabajo con técnicas psicodramáticas y técnicas teatrales para el autocuidado de clínicos y terapeutas que trabajan en situaciones de violencia, considera prioritaria la acción dramática, el contexto grupal y el lenguaje escénico como una forma de acceder a emociones difíciles surgidas del alto impacto emocional que se vive al ser testigo de los traumas de los consultantes. La alexitimia secundaria que suele aparecer en estos profesionales y que forma parte del síndrome de burnout o de “estar quemado”, descrita como la actitud fría y distante hacia los usuarios externos de un sistema de salud, puede transformarse en despersonalización, conducta que limita con la deshumanización de la atención psicológica o de salud. Las técnicas de acción y en particular el dispositivo psicodramático cuentan con estrategias de intervención que pueden llevar a personas y grupos desde lo siniestro y trágico, hacia lo maravilloso de la creatividad y potencial humana, pasando por lo patético, lo cómico y lo lúdico. El autocuidado en su dimensión preventiva, de promoción o fomento de la salud, será en los próximos años, responsabilidad ineludible de profesionales, instituciones y gobiernos implicados en el dilema ético de dar más salud a quienes nos consultan o a quienes oficiamos de prestadores de servicios humanos. Una voz de alarma, aún solucionable, la constituye la alta incidencia y prevalencia del síndrome de burnout o desgaste psíquico en el trabajo en las diversas poblaciones de profesionales estudiados, lo cual ha sido calificado por algunos países como mal endémico.

Proponemos el concepto de teatrosalud en un  sentido amplio desde la visión de la promoción o fomento de la salud en el sentido de los cuidados de costumbre o sea los cuidados relacionados con las funciones de conservación y de continuidad de la vida. Incluimos bajo el concepto de teatrosalud, tanto lo proveniente del arte teatral, con su dimensión terapéutica a partir de la dramaterapia, y todas aquellas disciplinas derivadas del teatro de la espontaneidad y del psicodrama creadas en 1920 por el gran médico psiquiatra rumano- austriaco  Dr. Jacob Levy Moreno (Moreno JL., 1979, 1995).

 

Referencias

 

1.-Aguiar M. (1998) Teatro espontáneo e psicodrama, Sao Pablo, Agora

2.-Calvente C.F. (2003) El personaje en psicoterapia. Buenos Aires, Letra Viva

3.-Figley C. (1995) Sistemic traumatization. Secondary traumatic stress disorders in family therapist. Handbook of family psychology systems theory. Washington, APA

4.-Griffith J., Griffith M.E. (1996) El cuerpo habla, Buenos Aires, Amorrortu

5.-Hidalgo N., Moreina N. Autocuidado en equipos de salud que trabajan con víctimas de violencia extrema. Comunicación Personal, 2001

6.-Kesselman H., Pavlovsky E. (2000) La multiplicación dramática. Búsqueda de Ayllu. Buenos Aires

7.-Menegazzo C.M. (1991) Diccionario de psicodrama. Buenos Aires, Ediciones Fundación Vínculos

8.-Morales G., Pérez J.,Menares M.A. (2003) Procesos emocionales de cuidado y riesgo en profesionales que trabajan con el sufrimiento humano. Santiago de Chile, Rev. Psicol.. U de Chile. Vol. XII, 1 (9-25)

9.-Moreno J.L. (1995) Psicodrama, Buenos Aires, Hormé

10.-Murillo Chacón P. (2003) El autocuidado de los psicólogos clínicos de Costa Rica: Estrategias cognitivas, conductuales y emocionales. Colegio Profesional de Psicólogos de Costa Rica. Comunicación Personal

11.-Osorio R. (2002) Conversaciones acerca del teatro de Eugenio Barba. Comunicación Personal

12.-.Penn P. (2001) Rompiendo el silencio: Trauma, lenguaje y escritura en la enfermedad crónica. Buenos Aires, Sistemas familiares, Año 17, 2 (35-54)

13.-Torres P. (2003) Psicodrama y teatro espontáneo: Sus posibilidades para el desgaste profesional y autocuidado de clínicos y terapeutas. Rev. Brasileira de Psicodrama. Vol. 11 (1): 75-92

14.-Torres P. (2004) Síndrome de burnout 1 y 2: Propuestas para la prevención, terapéutica y rehabilitacióndesde técnicas de acción psicodramáticas y teatrales. www.dramaterapia.cl    

15.-Uribe T.M (1999) El autocuidado y su papel en la promoción de la salud. Universidad de Antioquia. http://tone.udea.edu.co/revista/sep99/autocuidado.htm

 

CORRESPONDENCIA

Dr Pedro H Torres-Godoy,  e-mail  nirodha@entelchile.net

Casilla 97 Correo 35 Providencia

Santiago de Chile

 

 

 



[1] Ponencia presentada en el Seminario Internacional “La Violencia en la Familia, Escuela y Sociedad: Sentidos, consecuencias y estrategias de intervención”. Universidad Internacional SEK, Santiago de Chile  14 y 15 de Julio 2005.

[2] Médico Psiquiatra, Académico Departamento de Teatro Facultad de Artes Universidad de Chile. Director Diplomado “Fundamentos y Práctica de la Dramaterapia”. Director Escuela de Psicodrama y Dramaterapia de Santiago. www.psicodrama.cl  email: nirodha@entelchile.net  

[3] Pedagoga Social Universidad de Esslinger, Alemania, Terapeuta Familiar Instituto Chileno de Terapia Familiar. Directora Académica Curso de Extensión “Duelos y Pérdidas” Universidad Jesuita Padre Alberto Hurtado. Email: sromero@mi.cl